El pasado 5 de septiembre corrí la maratón de Torres del Paine, en la Patagonia chilena. Terminé los 42 kilómetros en 3 horas y 40 minutos, mi mejor tiempo en maratón hasta hoy. Al escribir esta entrada me doy cuenta de que lo que me queda de esa carrera no es el cronómetro, sino lo que aprendí preparándola y corriéndola.
El cuerpo como máquina de convertir energía
Cuando uno corre 42 kilómetros, el cuerpo deja de comportarse como un cuerpo y empieza a funcionar como una máquina que transforma energía en movimiento. Los carbohidratos que uno consume se convierten en watts, y esos watts en la potencia de empuje que hace avanzar al cuerpo. Entender la carrera de esa manera cambia la forma de prepararla: uno deja de pensar en las piernas y empieza a pensar en el sistema completo. Cuánta energía entra, cómo se almacena y en qué momento se libera.
Sin combustible no hay potencia
Esa máquina no fabrica su propia energía: la recibe del combustible que uno le entrega antes y durante la carrera. Si no carga correctamente, se queda sin combustible justo cuando necesita generar la potencia de empuje, y no hay fuerza de voluntad que reemplace un depósito vacío. En una maratón en la Patagonia eso no es una teoría: aparece como una pared en el kilómetro 30, cuando ya es tarde para corregirlo.
Es la misma lógica que aplico en mis negocios. El rendimiento no se improvisa en el momento crítico: se construye en los días previos.

La Patagonia y lo pequeños que somos
Hay algo que ninguna planilla te puede explicar: correr con esas montañas al frente. La Patagonia y sus montañas imponentes te hacen consciente de lo pequeño que somos. Somos unas criaturas pasajeras de este planeta hermoso y milenario que llamamos Tierra, que va a seguir aquí mucho después de que crucemos nuestra última meta.
Correr 42 kilómetros en ese escenario ordena las prioridades de una manera que ninguna reflexión de escritorio logra.

Ser más fuerte o veloz
Cada año me pongo el mismo objetivo: ser más fuerte o más veloz, nunca las dos cosas al mismo tiempo. Este año me propuse ser más veloz y, en efecto, obtuve un récord personal en esta maratón y también en maratón en general. 3 horas y 40 minutos.
No es un tiempo que impresione dentro del mundo del running, pero es mi número, y lo mido contra el que era hace un año.

Lo que queda
Al final, el cronómetro marca un momento y la montaña sigue ahí. Lo que me llevo es la confirmación de que el cuerpo responde cuando uno lo prepara con la misma disciplina con la que dirige un negocio: sistema, combustible y paciencia. Y que en la Patagonia el paisaje también cuenta.

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Fotos: galería oficial Patagonian International Marathon 2026 — Luis Espinoza, Carlos Díaz y Guillermo Salgado.
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